jueves, 23 de mayo de 2013

Celos.


Tengo celos de ti. ¿Por qué negarlo?
Tengo celos de ti, celos rabiosos;
celos de las sonrisas de tu boca,
celos de las miradas de tus ojos.
Cuando yo no te oigo,
¿cómo hablas?
Cuando yo no te veo,
¿cómo miras?
Cuándo no estoy delante,
¿cómo suenan los sonoros cascabeles de tu risa?
 Tú sabes que en los ojos de los hombres hay miradas impuras,
que unas veces parece que acarician y otras veces parece que desnudan.
 Cuándo un hombre te mira de ese modo,
 cuando te envuelve una mirada de ésas y sientes que resbala por tu cuerpo,
¿qué es lo que piensas, di,
qué es lo que piensas?
Cuando tengo tu mano entre mis manos yo sé cómo tu carne se estremece;
cuándo es otra la mano que te oprime,
¿qué es lo que sientes, di, qué es lo que sientes?
Yo puedo adivinar qué pensamientos laten en ti cuando de mí te acuerdas;
cuándo es de otro el recuerdo que te asalta,
¿qué es lo que sueñas, di, qué es lo que sueñas?
Yo te he visto mil veces temblorosamente el fervor de mis ardientes frases,
con los divinos ojos sensuales y los húmedos labios anhelantes.
Saturada de amor,
desvanecida, cuando yo soy el que de amor te habla.
Si las palabras son las mismas,
dime: ¿cómo te suenan de otro las palabras?
Tú juras que me has dado tu corazón,
tu cuerpo y tu cariño;
pero nunca sabré si tras tus ojos se esconde un pensamiento que no es mío.

Los celos son malos, consejeros
Por eso merecen ser callados
Y en el corazón deberán ser enterrados.

Celos hoy tengo,
Pues tu a mi lado
Ya te has ausentado.

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